
En un constante intercambio de vacío existencial, la oquedad de las palabras era el reflejo cegador de sus vidas.
EL CUENTO QUE CRECE POR FASCÍCULOS, POR ENTREGAS, FOLLETINESCAMENTE PERO ENGRANDECIDO POR LOS LECTORES.
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En la playa varias personas me salpicaron de arena sin mediar la menor disculpa.
Este incidente fue sólo el primero.
En el hotel dejaron de arreglarme la habitación y acumularon en mi cuarto toda suerte de artilugios inservibles:una bicicleta de una sola rueda, muy lejos de cualquier circo, un caballito de madera despintado, caleidoscopios con el cristal roto: cosas de otra época que mostraban retornos imposibles como el mío.